En la miseria o miserable

on Martes, 10 Marzo 2015. Valoración

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En la miseria o miserable

Magda observó desde la distancia a la pareja de ancianos mientras rebuscaban en un contenedor del que asomaba algo de ropa

La armonía de esa mañana lluviosa cayó como un castillo de naipes para Magda. Su chófer la había conducido hasta el Centro Comercial, lugar en el que vio a don Diego y doña Rita, ambos septuagenarios, con un pie en la miseria, con la misma ropa de ayer, y la de antes de ayer.

Dos años antes, don Diego y doña Rita eran un matrimonio acaudalado y encantador que había decidido donar en vida su fortuna a Sebastián, su único hijo. Sebastián tenía a su vez un hijo con Sara, hermana gemela de Magda. Meses después de la donación, en lo más dulce del dulce estado de felicidad de toda la familia, Sebastián y Sara sufrieron un accidente de tráfico. El resultado fue la muerte en el acto de Sebastián. El niño murió en la ambulancia, de camino al hospital. Sara también falleció, aunque ya en la mesa de operaciones, antes de que pudieran siquiera contar los huesos que tenía rotos.

La nefasta correlación de muertes hizo heredera universal a Sara desde la muerte de su hijo hasta la suya propia, momento en el cual la fortuna correspondió legalmente a la única familia sanguínea que conservaba: su hermana Magda.

Magda observó desde la distancia a la pareja de ancianos mientras rebuscaban en un contenedor del que asomaba algo de ropa. Se sentía sucia de un dinero que legalmente era suyo, pero no moralmente. Pero tenía miedo de su propia debilidad inmisericorde. Los miró en silencio, aparentemente solemne. Vacía. Y miserable.

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